Rex Tillerson, el hombre del Gobierno de Donald Trump con más lazos con Rusia, se somete este miércoles en el Congreso a las preguntas de los senadores que deben aprobar su nominación como nuevo secretario de Estado. La comparecencia se da en momentos en que las sospechas de la interferencia de Moscú en las elecciones resurgen con fuerza renovada.

En la noche del martes, poco después de que el Congreso concluyera la primera jornada de escrutinio del gabinete republicano, medios estadounidenses publicaron que la comunidad de inteligencia informó al presidente electo de que hay informaciones no corroboradas acerca de que operativos rusos tenían información personal y financiera que podía comprometerlo pero que no fue usada. La supuesta revelación ocurrió el viernes pasado, cuando las agencias presentaron a Trump su informe sobre los ciberataques rusos durante la campaña, y reforzaría el argumento de las agencias de investigación de que Moscú buscó favorecer al republicano en las elecciones.

 

Trump respondió a las publicaciones con un mensaje en Twitter. Negó rotundamente las filtraciones de los medios y las calificó de “caza de brujas política”.

No obstante, las alegaciones, a las que Trump deberá responder en persona en la rueda de prensa que ha anunciado también para este miércoles, prometen complicar aún más el camino a la ratificación a miembros de su gabinete como Tillerson. El exjefe de la petrolera ExxonMobil, de 64 años, es uno de los ejecutivos estadounidenses más cercanos al presidente Vladímir Putin, quien incluso le ha otorgado una condecoración.

En su testimonio inicial ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado que realizará la primera tanda de preguntas, Tillerson mantiene un tono más duro que Trump ante el reto ruso, y llega a decir, sin referirse abiertamente a los presuntos ciberataques, que “sus recientes actividades no han respetado los intereses americanos”, según la copia de su testimonio inicial, adelantada por The Washington Post.

Aun así, su intención parece proponer un difícil equilibrio entre la necesidad, dirá, de mostrar solidaridad con los aliados de la OTAN “alarmados con el resurgir ruso” y la necesidad, también, de mantener la puerta abierta al diálogo con Moscú.

“Tenemos que estar claros sobre nuestra relación con Rusia”, dirá Tillerson. Y hay que lograr que Moscú responda por sus actos, aunque también hay que recalibrar la respuesta de Washington, subrayará. Moscú “debe saber que responderemos a nuestros compromisos y a los de nuestros aliados, y que Rusia debe responder por sus acciones”.

Al fin y al cabo Rusia, considera Tillerson en su declaración, es hoy en día “un peligro”, pero los intereses que persigue “no son impredecibles”. Entre los problemas con Moscú que enlista Tillerson, están la “invasión de Ucrania” en 2014 con la posterior anexión de Crimea y el apoyo ruso a “las fuerzas sirias que violan brutalmente las leyes de la guerra”. Dos alusiones críticas destacables, especialmente la alusión ucrania, en vista de que Trump llegó durante la campaña a justificar la anexión de Crimea y que el propio Tillerson ha criticado las sanciones impuestas a Rusia por EE UU y la Unión Europea tras la agresión a Ucrania, que perjudicaron sus negocios en el país.

“Nuestros aliados de la OTAN tienen razón cuando se alarman ante la renaciente Rusia”, admite. Pero según Tillerson, esto es achacable a la debilidad del Gobierno Obama, que envió “señales débiles o mezcladas que transformaron las ‘líneas rojas’ en luces verdes”, dirá en referencia al famoso límite, luego reformulado, que Obama puso a Damasco respecto del uso de armas químicas en 2013.

Aunque el aspirante a suceder a John Kerry al frente de la diplomacia estadounidense considera que “las palabras solas no bastan para borrar una historia desigual y a veces polémica” entre Washington y Moscú, insistirá en la necesidad de abrir un “diálogo abierto y franco” con Rusia sobre sus “ambiciones, para saber cómo dirigir nuestro propio curso”.

En este sentido, Tillerson propone no descartar de buenas a primeras la cooperación con Rusia ahí donde sea posible, y se hace eco de una ambición de Moscú: lograr unir fuerzas en la lucha para “reducir la amenaza global del terrorismo”, en la que merece la pena, asegura el ejecutivo, “explorar esas opciones”.

Tillerson no es el único nominado de Trump que pasará por el Capitolio este miércoles. El aspirante a fiscal general, el senador Jeff Sessions, vuelve al Senado tras responder la víspera durante más de seis horas a duras preguntas sobre acusaciones de racismo y xenofobia en el pasado y sobre sus intenciones como futuro jefe de la justicia estadounidense. En esta jornada, buscarán su confirmación también la nominada como secretaria de Educación, Betsy DeVos, y la de Transporte, Elaine Chao.

La audiencia para confirmar al director de la CIA nombrado por Trump, el senador Mike Pompeo, ha sido por el contrario retrasada al jueves, cuando también testificarán el nominado como nuevo jefe del Pentágono, James Mattis, el futuro secretario de Comercio, Wilbur Ross, y su colega de Vivienda, Ben Carson. También Tillerson deberá regresar el jueves al Congreso.

Los republicanos quieren que Trump tenga confirmado a todo el gabinete antes de su toma de posesión, la semana que viene. Aunque los demócratas han prometido un escrutinio duro, carecen de los votos suficientes para bloquear o frenar la aprobación del nuevo equipo de la Casa Blanca.


Associated Press
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