El PP de Mariano Rajoy está a la búsqueda de una fundación ideológica que nutra sus ideas, tras la fuga de la FAES de José María Aznar, pero ese foro no será ninguna de las entidades que ahora acoge y da pábulo moral y sentimental al expresidente popular. En la noche del domingo Aznar fue la estrella invitada a la inauguración del ciclo “El necesario fortalecimiento de España” de la Fundación Valores y Sociedad, que impulsa ahora su exministro del Interior, Jaime Mayor Oreja. La conferencia fue la ocasión para constatar la concentración del ala dura y más conservadora del PP en torno a su único líder, que no es Rajoy. Aznar no desperdició la oportunidad para denunciar el riesgo de “brecha y ruptura social, territorial y política” ante el “decaimiento y la desvertebración de España”.

 
 
Aznar recogió el guante ofrecido por San Gil, Mayor Oreja y los demás acólitos y mostró la mejor versión de su espíritu crítico hacia todo lo que se está haciendo actualmente en el país y en el PP que dirige su excolaborador Mariano Rajoy. Ya le avisó de que no pensaba callarse y está cumpliendo su palabra.

José María Aznar denunció “un decaimiento de España por la falta de una tarea compartida”. El expresidente popular ensalzó todo lo “bueno, lo que funcionó, lo que salío bien y fue verdad” durante el éxito de la transición y se situó entre los tres presidentes del Gobierno que lograron grandes tareas para el país como Adolfo Suárez (las primeras elecciones en 1979), Felipe González (la integración en Europa en 1989) y él mismo (el euro en 1999). “Lamentablemente hace tiempo que tenemos dificultades para continuar con ese relato”, señaló Aznar y luego especificó que desde 2009 en adelante no ha sucedido nada igual de memorable. El expresidente de honor del PP vaticinó que “tampoco se va en camino de nada parecido para 2019”. Aznar no citó al PP ni a Rajoy en ningún momento.

Lo que sí dijo y remarcó Aznar fue que “el impulso reformista” que presidió los primeros gobiernos democráticos y los suyos entre 1996 y 2004 “se ha agotado” y llamó la atención sobre “las tres grandes brechas que amenazan fracturas de un país que se está desvertebrando social, territorial y políticamente”.

Solo dejó al final Aznar una vía para cierto optimismo cuando admitió que “España no se va a romper, pero no basta con evitar lo peor”. Y para acabar formuló la petición de “impulsar una reordenación del mapa electoral para que primen los programas con ambición nacional y deseo de progreso, alejados del localismo empobrecedor, del populismo mendaz y del adanismo insustancial”.


Associated Press
BBC Mundo
CNN
La Vanguardia
Clarín
El País