Siempre se podrá argüir que no le cuesta nada a un grupo de triunfadores, muchos millonarios, ponerse solidarios una noche con los emigrantes y refugiados y meter caña a Donald Trump. Pero el asunto no está para bromas y las decisiones adoptadas contra los expatriados y contra la libertad de expresión y de prensa del nuevo presidente de los EE UU han encendido todas las luces de alarma, incluidas las que refulgen entre las estrellas del cine. La política ha estado presente en la gala de los Oscar, pero tal vez con más contención de la que se podía prever, a tenor de los pronunciamientos previos. El espectáculo debe continuar.

Antes, en la alfombra roja, algunos invitados, como la actriz Ruth Negga (nominada al premio a la Mejor Actriz Secundaria por Loving), la modelo Karlie Kloss y el compositor y actor Lin-Manuel Miranda (nominado a Mejor Canción por un tema de la película Vaiana) han lucido el lazo azul por los derechos civiles que proponía la Unión Americana de Libertades Civiles como protesta por las políticas gubernamentales.

Nada más empezar la gala, Kimmel, ha sorprendido con una broma señalando que los Oscar menos racistas (había una gran presencia de nominados negros, a diferencia del pasado año) han coincidido con la llegada del empresario al poder. Y después ha hecho levantar de sus asientos al público rindiendo un homenaje a la “sobrevalorada” Meryl Streep. Así la calificó el presidente estadounidense en uno de sus tuits, tras el incisivo y crítico discurso de la actriz en los últimos Globos de Oro, en el que glosaba la naturaleza multicultural de Hollywood y la necesidad de combatir las falsedades.

Con este principio, ha dado la sensación de que la gala se convertiría en un prolongado acto de protesta, pero los primeros premios han ido cayendo y los ganadores no han hecho ninguna referencia a la coyuntura política. Solo la presidenta de la Academia de cine de EE UU, Cheryl Boone, ha vuelto al tema, si bien su alusión ha sido genérica, para interpretar: "Pertenecemos a una comunidad cada vez más incluyente. El arte no tiene fronteras y no pertenece a una sola fe. Hay una conexión poderosa y permanente”.

Hasta que no ha llegado el Oscar a la mejor película de Habla no inglesa no se ha entrado de lleno en la polémica política. El director iraní Asghar Farhadi se ha llevado el premio con su película El viajante. Y también se ha llevado una buena ovación con la carta que ha leído una ingeniera de la NASA de origen iraní, porque el cineasta se negó a viajar a EE UU ante la decisión del Gobierno estadounidense de limitar la entrada a las personas procedentes de siete países de mayoría musulmana. "Mi ausencia tiene que ver con el respeto que siento por la gente de mi país y por la de los otros seis que han sido víctimas de una falta de respeto. Así se divide el mundo. Los directores de cine crean empatía y unen", decía la carta. Casi 10.000 personas se reunieron en Londres este domingo para ver allí su película y solidarizarse con él

Le ha tomado el relevo el presentador del Oscar al Mejor Diseño de Producción, que ha recaído en La la land, Gael García Bernal, que ha lanzado una de las frases más reivindicativas de la noche: “Como mexicano, como inmigrante, como trabajador, estoy en contra de cualquier muro". El público ha roto a aplaudir y algunos asistentes se han puesto en pie unos instantes.

La gala ha continuado sin menciones a Trump de los ganadores, salvo las ironías de Kimmel, alguna de ellas relativa a la predisposición presidencial por extender noticias falsas. Incluso dos actores tan combativos e implicados como la propia Meryl Streep y Javier Bardem han optado esta vez por un perfil bajo, políticamente hablando, cuando han entregado el Oscar a la Mejor Fotografía.

Una de las alusiones políticas de la noche ha habido que buscarla fuera de la gala. En uno de sus intermedios, el periódico The New York Times, una de las dianas de Trump en los medios de comunicación, ha aprovechado para lanzar un anuncio: “La verdad es difícil. Difícil de encontrar. Difícil de conocer. La verdad es más importante ahora que nunca”.

La verdad de la ceremonia ha llegado a su fin con los principales premios en juego. Y ha sido otro activista de siempre, el actor Warren Beatty, acompañado de Faye Dunaway (los inmortales Bonnie and Clyde), al entregar el Oscar a la Mejor Película, el que ha puesto el punto final político a una gala crítica con Trump, pero menos de lo esperado. Tras ensalzar los valores de la diversidad y del respeto, ha afirmado: “En la política como en las artes, el objetivo tiene que ser la verdad”.

Luego, se ha producido el tremendo error, del que se hablará hasta el hartazgo. Beatty ha abierto el sobre, ha dudado un instante y se lo ha enseñado a Dunaway, que anunció La La Land como Mejor Película. Cuando el equipo del musical ha subido al escenario y ha empezado a dar las gracias, la organización se ha percatado del fallo y ha entregado el sobre correcto. La verdadera vencedora es Moonlight. Al menos, Beatty y Kimmel han pedido disculpas.


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