Diego Simeone dijo al finalizar el partido que escuchó un ruido que le sobrecogió. “No sé si fue el cuello o el choque entre las cabezas o que fue”, explicó. En un partido jugado con vigor una disputa de un balón aéreo acalló Riazor. Saltaron Fernando Torres y Álex Bergantiños.

El delantero del Atlético tenía la ventaja, pero el centrocampista coruñés, que disputaba sus primeros minutos del campeonato, llegó por detrás como un tren. “Seguramente no me esperaba y lo cogí un poco blando”, reflexionaba el capitán del Deportivo mientras abandonaba el estadio. Iba en dirección al Hospital Modelo, ubicado en una calle paralela al coliseo herculino. Desde allí ya llegaban noticias tranquilizadoras. Torres estaba consciente y el escáner al que fue sometido descartaba cualquier tipo de lesión. “¡Vaya susto!”, exclamaba su compañero Filipe Luis, que recordaba como en la misma zona donde cayó Torres él se había destrozado un tobillo cuando jugaba en el Deportivo.

 

Doctores y auxiliares de ambos equipos entraron en el césped. Pasó demasiado tiempo. Lo normal es que en episodios así la primera señal sobre la recuperación del lesionado llegue unos pocos segundos después, pero Torres tardó dos minutos en reaccionar. El segundo de Diego Simeone, el “Mono” Burgos, emitió al final un veredicto que tranquilizó a todos los presentes, a todos quienes lo seguían además por televisión: alzó el dedo pulgar y Riazor respiró hondo. Desde el fondo más próximo a los acontecimientos la afición deportivista había empezado a corear el típico cántico de apoyo al delantero que cambió la historia del fútbol español con un gol en el Prater vienés hace casi nueve años.

Todo se calmó con el gesto de Burgos, pero para entonces ya había una ambulancia esperando con las puertas abiertas en uno de los vomitorios que dan acceso al césped del estadio. En cuanto Torres estuvo a bordo lo trasladó al Hospital Modelo, ubicado en una calle paralela al estadio. Apenas diez minutos después de recibir el golpe, el delantero ya disponía de las mejores atenciones. “Las pruebas son normales y él está perfecto. Sufrió un traumatismo con pérdida de conocimiento y no recuerda nada. Es lo normal en estos casos”, refirieron los doctores ante la nube de informadores que se acercaron a la puerta de la clínica. Mientras sus compañeros se dirigían hacia el aeropuerto para embarcar en un vuelo con destino a Madrid, Torres y el doctor Villalón se aprestaban a pasar la noche en una habitación del hospital.

“Nunca me había pasado nada semejante. Lo ves en otros partidos o escuchas que han pasado situaciones así, pero hasta que no lo vives no sabes lo desagradable que es protagonizarlo”, aseguró Álex Bergantiños. Poco después de la medianoche llegó al Modelo con el técnico Pepe Mel para visitar a su compañero de profesión, para pedirle disculpas. Pocos profesionales más íntegros que el centrocampista del Deportivo, que llevaba un chichón en la parte derecha de su cabeza, a la altura de la sien. “Le golpeó con esa parte, pero no sé muy bien donde. Llego un poco tarde y por eso entiendo que me hayan amonestado, pero voy noble al balón, no voy sucio”. Tras el trastazo la reacción del jugador coruñés fue ponerse a rezar sobre el campo. Después de su visita al hospital comentó aliviado que Fernando Torres estaba consciente y hasta sonriente. “Me dijo que algo parecido ya le había pasado hace años y hablamos del partido y de alguna jugada, pero de esa en concreto no se acuerda, le comenté como fue y me dijo que estuviese tranquilo, que son cosas del fútbol”. Más que animar Álex a Fernando, fue Torres quien le subió el ánimo a Bergantiños.


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