Los nuevos Samsung Galaxy S8 y S8+ aterrizan para revolucionar el mercado con un rompedor diseño sin bordes en el que domina por encima de todo la pantalla y desaparece el botón home.

La compañía surcoreana ha entendido que el mercado necesitaba un soplo de aire fresco que se ha traducido en una reinvención de su teléfono más icónico, una maniobra que promete marcar tendencia y diferencias a nivel de ventas respecto a sus principales competidores, veremos si incluso por encima de la anterior generación.

ComputerHoy ha tenido la oportunidad de realizar en primicia una primera toma de contacto con el Samsung Galaxy S8 y S8+ con el objetivo de conocer a fondo las capacidades del terminal así como todas sus novedades para tener unas primeras impresiones sobre estos nuevos buques insignia.

A nadie se le escapa que durante los últimos años los móviles con pantallas grandes han ido ganando poco a poco cuota de mercado. Así lo refrendan los números: durante el último trimeste de 2014 suponían el 8% del total de ventas, un año más tarde aculumaban el 11% y durante el mismo período del 2016 la cifra ya ascendió a un considerable 18%. 

Un crecimiento importante a pesar de que a día de hoy comprar un smartphone con una pantalla de más de 5,5 pulgadas implicaba llevarse a casa un móvil demasiado grande, llegando hasta el extremo de ser una molestia guardarlo en el bolsillo y siendo bastante complicado manejarlo con una sola mano.

Un espectacular diseño sin bordes

El primer reto para los ingenieros de Samsung a la hora de desarrollar el S8 fue conseguirincrustar una pantalla de grandes dimensiones en un móvil de tamaño compacto. Esa es ahora una de sus principales señas de identidad y uno de los elementos en los que el nuevo Galaxy ha conseguido romper los límites convencionales.

Y es que todo cambia con el S8 que elimina los bordes en un espectacular diseño en el que manda por encima de todo la pantalla. Adiós a los marcos y los biseles innecesarios, también al botón Home que se ha sustituido eficazmente con un sensor de presión ubicado debajo del propio panel para que el usuario pueda funcionar exactamente igual que cuando tenía un botón físico para regresar a la pantalla de inicio.

En la primera toma de contacto con el Galaxy S8 lo primero que llama la atención son, sin lugar a dudas, las dimensiones del terminal. El aprovechamiento llega al máximo, tanto por la desaparición de los marcos como por la elegante curva de la pantalla de la que presumen ambas versiones. Una consecuencia directa del éxito de ventas del S7 Edge pero que garantiza una experiencia todavía más ergonómica.

Los números hablan por sí solos. El Samsung Galaxy S8 es incluso más estrecho que el Galaxy S7 a pesar de contar con una pantalla mucho más grande (5,8 pulgadas frente a 5,1 pulgadas), lo que permite manejar el smartphone de una forma mucho más natural con una sola mano. 

Las diferencias respecto a la competencia también son evidentes con el Samsung Galaxy S8+, que ofrece una enorme pantalla de 6,2 pulgadas en un móvil bastante compacto, hasta el punto de que sus dimensiones se pueden comparar con terminales de 5,5 pulgadas de otros fabricantes.

Las sensaciones en la mano con este terminal son si cabe más espectaculares y se agradece enormemente el esfuerzo por crear un teléfono no excesivamente ancho que se pueda manejar con una sola mano, aunque evidentemente aquí el asunto se pone un poco más complicado que con el S8. Sea como sea se antoja una delicia para los amantes de las pantallas grandes.

Tanto el Samsung Galaxy S8 como su hermano mayor, el S8+, disponen de la máxima protección frente al polvo y el agua al contar con la certificación IP68, que garantiza su resistencia ante inmmersiones en al gua hasta metro y medio durante media hora. Además cuentan con la protección Corning Gorilla Glass 5 frente a golpes y arañazos tanto en la parte frontal como en la trasera del cuerpo, fabricado en aluminio de alta calidad.

Formato panorámico para series y películas

La nueva pantalla ultra panorámica (18,5:9 en lugar de 16:9) también tiene parte de culpa en esa mejora de la ergonomía. Pero en esta primera toma de contacto hemos comprobado que es una gozada a la hora de reproducir vídeos, sobre todo si los encontramos en formato nativo para ocupar toda la superficie de la pantalla, que por supuesto cuenta con el modo always-on que permite consultar notificaciones de un vistazo con la pantalla apagada.

Una opción que ya hemos visto en uno de sus principales competidores, el LG G6, pero que en este caso va un paso más allá al apostar por un ratio de aspecto todavía más panorámico. A lo largo de los próximos meses seguro veremos a otros fabricantes recorrer este camino ya que supone mejorar la experiencia en el apartado multimedia, tanto a la hora de consumir vídeo como al ejecutar videojuegos.

Como era de esperar los nuevos Galaxy S8 y S8+ montan paneles Super AMOLED como ya hicieran sus antecesores. Y en esta primera toma de contacto las impresiones han sido muy positivas, de nuevo ofreciendo unos niveles de contraste espectaculares y unos negros casi perfectos. Además, la pantalla está equipada con tecnología HDR, un elemento ya común entre los televisores de alta gama que ahora comenzamos a encontrar en algunos móviles de enjundia.

Eso sí, habrá que esperar al análisis del Galaxy S8 para poder valorar mejor si todas estas mejoras en la pantalla suponen un cambio radical a ojos del usuario, sobre todo teniendo en cuenta que hoy por hoy resulta bastante complicado encontrar vídeos -ya sean series o películas- con este formato ultra panorámico y tecnología HDR.

Rendimiento de primera clase

A nivel de hardware los smartphones han dado pasos de gigantes a lo largo del último lustro, y de nuevo la gama alta de Samsung presume de estar en la vanguardia del sector. Los Galaxy S8 y S8+ contarán con avanzados procesadores fabricados con tecnología de 10 nanómetros que garantizan toda la potencia y una eficiencia mucho mayor que respecto a generaciones anteriores.

En concreto Samsung calcula que la mejora a nivel de potencia será de alrededor de un 10% para la CPU y de más del 20% respecto a la tarjeta gráfica (GPU) con la que cuenta el Samsung Galaxy S7, lo que supone una fantástica noticia no ya solo para ejecutar videojuegos realmente exigentes sino para entornos de realidad virtual.


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