Dos años y medio después de sufrir uno de los mayores traumas futbolísticos de su historia, el infausto Mineirazo (1-7 en la semifinal del Mundial ante Alemania), Brasil vuelve a vibrar con su selección. Y nadie duda de que ese renacimiento pasa por un nombre. A pesar del momento excepcional de Neymar, todo el mundo atribuye al seleccionador, Adenor Bacchi, Tite,los méritos por la recuperación del buen fútbol brasileño. “Debemos mucho a Tite, porque él lo ha cambiado prácticamente todo”, analizó el madridista Marcelo después de la victoria (3-0) ante Paraguay, el pasado martes, que ha convertido a Brasil en la primera selección clasificada para la Copa del Mundo de 2018, aparte de Rusia, país anfitrión.

 
 

Pero “cambió prácticamente todo” no es la mejor definición para el trabajo de Tite (Rio Grande do Sul, 1961), un técnico que se había labrado su prestigio en el Corinthians, uno de los equipos más populares del país, al que hizo campeón de la Copa Libertadores y del Mundial de clubes en 2012. En menos de 10 meses en el cargo, ha impuesto su filosofía sin grandes revoluciones. El grueso del equipo poco difiere del que naufragó con Dunga, su antecesor. Pero ha logrado que el grupo juegue colectivamente hasta contribuir a mejorar el rendimiento de piezas importantes como Neymar, que hoy actúa con más libertad y menos individualismo. La capacidad de relacionarse bien con los jugadores suma puntos a favor de Tite, que ya ha batido un récord nunca alcanzado por otro seleccionador brasileño: ocho victorias consecutivas en las eliminatorias del Mundial. Nada más asumir el puesto, el técnico telefoneó a Marcelo, que marcó el tercer gol ante Paraguay, y a Thiago Silva, el antiguo capitán que también había sido apartado por Dunga. Sabía que necesitaba recuperar la confianza de los jugadores, que, a su vez, ya no confiaban más en su antecesor.

Dunga siempre fue un amante de la disciplina. El excentrocampista, campeón del mundo como jugador en el cuarto cetro de La Canarinha, acumuló méritos en su primera etapa en el equipo, entre 2006 y 2010, al recuperar el compromiso de los futbolistas con la selección. Pero no era el perfil ideal para lidiar con los traumas del Mundial de 2014. El compromiso nunca fue un problema para la generación de Neymar, Marcelo y compañía. Faltaban organización, juego colectivo y respaldo desde el banquillo para soportar los momentos de presión. Pero al escoger a Dunga, la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF) echó gasolina al fuego.

Poco simpático, sin mucha habilidad para rebatir críticas de la torcida y la prensa después de la mal digerida eliminación del Mundial 2010, Dunga volvió al cargo con un alto índice de rechazo. Sumado al que dejó el Mineirazo, la impaciencia con el entrenador se transfería al equipo.

Ataque de nervios

Dunga consiguió acumular 11 victorias consecutivas tras el Mundial. Ni eso fue suficiente para ganar la confianza de la afición. Aunque sumasen triunfos, los jugadores estaban sometidos a una presión constante. El ataque de nervios que había sufrido el grupo en el Mundial jugado en su país, con Luiz Felipe Scolari en el banquillo, se volvió a manifestar con Dunga al llegar las competiciones oficiales y culminó en dos tropiezos seguidos en la Copa América.

Tite, al contrario, concita unanimidad. Después de un período sabático, en el que se dedicó a perfeccionar su carrera, volvió mejor y condujo al Corinthians a otro título nacional mientras la seleção patinaba con Dunga. Genera una idolatría infrecuente en un seleccionador brasileño, hasta el punto de que una encuesta reciente reveló que el 15% de los entrevistados le votaría para presidente del país. La diferencia es clara. En la victoria sobre Paraguay, los aficionados lo ovacionaron en el Arena Corinthians, el estadio de su exclub, y demostraron una paciencia que no existía con el equipo de Dunga. Las gradas gritaron el nombre de Neymar incluso cuando desperdició un penalti y parecía poco inspirado, antes de marcar el golazo que encarriló el triunfo.

Tite tiene visión táctica y conceptos modernos. Pero como seleccionador no dispone de tanto tiempo como en los clubes que dirigió para enraizar sus convicciones. Consciente de esa limitación, adoptó el pragmatismo al orientar a los futbolistas para que reproduzcan lo que hace cada uno en su equipo. “Mi trabajo es potenciar la calidad de los jugadores. Eso pasa por aprovechar lo que reciben de otros entrenadores en sus equipos”, explicó tras el partido contra Paraguay. Un ejemplo es Philippe Coutinho, que en el Liverpool actúa por la izquierda. Como se trata de la misma posición de Neymar, fue trasladado a la derecha, pero reproduce la misma función táctica que en el club inglés. Tanto que el primer gol de Brasil el pasado martes nació de un lance semejante a su jugada característica bajo el mando de Jürgen Klopp.

Hay mucho de la mano de Tite en un cuadro que él cogió en el sexto puesto del grupo sudamericano eliminatorio para el Mundial y lo ha clasificado ya a falta aún de cuatro partidos. Ahora, el desafío es mantener el nivel de concentración hasta el Mundial y cruzar los dedos para que los líos internos de la CBF no interfieran en su trabajo. A pesar de la euforia, el presidente de la CBF , Marco Polo Del Nero, aún es uno de los implicados en el escándalo de corrupción de la FIFA. Al contrario de la selección, su presencia en Rusia es una incógnita, ya que no viaja fuera del país por miedo a ser detenido.


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