Los temores inflacionistas que han marcado el inicio del año en México se han atemperado en las últimas semanas.

El abaratamiento del petróleo, que incide directamente en el precio de la gasolina, y, sobre todo, la fortaleza del peso frente al dólar, que ha revertido la lúgubre tendencia previa, han tranquilizado las aguas desde la última reunión de política monetaria. Pero el Banco de México no quiere soltar el timón y, fiel a la línea que marca su todavía máximo responsable –“no hemos sobrerreaccionado”, proclamó Agustín Carstens la semana pasada–, sigue actuando con carácter preventivo.

Este jueves, tal y como esperaban las principales casas de análisis, el instituto emisor ha anunciado un nuevo incremento de un cuarto de punto en las tasas de interés, hasta el 6,5%, y mantiene la senda que debería llevar el precio del dinero a cerrar el año en el 7% o 7,25%. Aunque la subida es menor que en las cuatro ocasiones anteriores, en las que el organismo había optado por un incremento de medio punto, el banco central mantiene el pulso. Es el cuarto repunte de tasas en menos de cinco meses y el quinto consecutivo.

Un año y medio después, las decisiones de la Fed y del banco central mexicano siguen entrelazadas. Aunque, por el camino, el instituto emisor mexicano se ha visto forzado a acelerar el paso en las subidas de tipos para anclar los precios, cualquier acción de su par estadounidense le obliga a mover ficha de inmediato. En diciembre pasado, la Reserva Federal volvió a endurecer su política monetaria y México redobló su apuesta en la misma dirección. Lo mismo ocurre ahora: aunque los temores inflacionistas y la depreciación del peso se han mitigado en los últimos tiempos y la viabilidad de la política comercial de la Administración Trump genera cada vez más dudas –incluso en sus propias filas–, el Banco de México no podía aflojar el ritmo tras la última subida de tipos decretada por la Fed hace 15 días.

"Desde la última decisión de política monetaria, las condiciones en los mercados financieros nacionales mejoraron significativamente", reconoce el instituto emisor mexicano en la nota en la que ha anunciado su decisión de tipos. "La cotización de la moneda nacional registró una apreciación considerable, alcanzando su menor nivel desde el día de la elección presidencial en EE UU", subraya. "Si bien prevalecen riesgos a la baja para el crecimiento, parecería estar disminuyendo la probabilidad de que se materialicen algunos de los más extremos. Así, a pesar de que el balance de riesgos para el crecimiento continúa sesgado a la baja, en el margen mejoró".

Sin embargo, a renglón seguido, el Banco de México reconoce que la economía nacional continúa enfrentando un entorno "muy complejo", lo que le lleva a pedir una mayor "consolidación fiscal" y "reformas estructurales": dos mantras en los comunicados de todos los grandes bancos centrales del mundo en los últimos años. "El escenario es incierto y prevalece la incertidumbre en el entorno externo", apostilla en alusión implícita a los ajustes proteccionistas que sigue prometiendo Donald Trump. Pese a estos avisos, casi calcados a los de notas anteriores, el tono general del banco central es notablemente más suave. Los peligros siguen en el horizonte, pero el panorama parece haberse aclarado algo en las últimas semanas.

Hasta la primera mitad de marzo, la inflación aumentó a un ritmo del 5,3%, el mayor en los últimos años. Pero la tendencia debería frenarse en las próximas semanas por el abaratamiento de los bienes importados tras la apreciación del peso y la caída en el precio del petróleo, que antes o después debería notarse sobre el coste de los carburantes en México. Este último punto es especialmente importante, dado que buena parte del reciente repunte inflacionario se deriva directamente de la liberalización de la gasolina decretada por el Gobierno de Enrique Peña Nieto (PRI).

"Las expectativas provenientes de encuestas continúan reflejando la anticipación de que el aumento observado en la inflación será temporal", incide el instituto emisor. "Se espera que, durante 2017, se ubique por encima de la cota superior del intervalo de variación del Banco de México, si bien se anticipa que durante los últimos meses de este año retome una tendencia convergente hacia la meta y se sitúe cerca de 3% al cierre de 2018", a medida que se vayan desvaneciendo los efectos que han llevado los precios a niveles no vistos en casi ocho años.

"A pesar de que el tipo de cambio se ha apreciado –lo que da más margen de maniobra al Banco de México– y que los cambios de precios deberían ser temporales, la inflación sigue bastante por encima del margen de tolerancia y era importante mantener el diferencial respecto a la Reserva Federal", afirma Carlos Serrano, economista jefe de BBVA-Bancomer en México, que esperaba una subida ligeramente superior (de medio punto porcentual). De aquí a finales de año, el responsable de análisis de la primera entidad bancaria mexicana prevé dos alzas más de 25 puntos base, lo que llevaría los tipos de interés al 7%. "Irá en línea con lo que haga la Fed; la coordinación será total", cierra.


Associated Press
BBC Mundo
CNN
La Vanguardia
Clarín
El País