En octubre, Marta Ortega cumplirá 10 años en Inditex. Es la única hija del fundador de Inditex que trabaja en el grupo (Amancio Ortega tiene otros dos vástagos, Sandra y Marcos, fruto de su primer matrimonio con Rosalía Mera). “Ha tenido total libertad para decidir su futuro profesional, pero lleva en la sangre la pasión por este negocio”, subrayan desde la compañía. El papel salmón especuló con su ascenso a la dirección del grupo, pero en 2011 Amancio Ortega zanjó los rumores designando a Pablo Isla presidente ejecutivo del imperio. Marta es la heredera, no la sucesora. Aun así, en Inditex repiten una y otra vez que “su futuro no está escrito”.

Todos los empleados del grupo deben curtirse en alguno de los 7.292 establecimientos que hay repartidos por 93 países. Lo llaman “la experiencia en tienda”, con la que los trabajadores se empapan de la cultura de la compañía. El periplo de Marta no fue distinto del de ninguno de sus compañeros de Arteixo, sede central de Inditex, pero sí más largo. Se prolongó durante un año e incluyó estancias doblando camisas en un Zara de Londres y en la central de Bershka en Tordera (Barcelona).

Aunque su formación académica se ha orientado hacia la gestión empresarial, su verdadera pasión es la moda y todo lo relacionado con la parte creativa. Admira a los diseñadores Phoebe Philo, Stefano Pilati y Hedi Slimane y a su amigo Narciso Rodriguez. Hace siete años entró en el departamento de Diseño de Zara Woman, donde trabajan unas 300 personas. Dicen que cada vez tiene más peso en el buque insignia de Inditex (la firma representa el volumen más importante del grupo en términos de negocio). No tiene cargo ni despacho y desempeña varias funciones, pero sus compañeros la definen como “la mano derecha” de Beatriz Padín, directora de Zara Woman y, a su vez, mano derecha de Amancio Ortega.

Marta disfruta de las sesiones de fotos de cada campaña, en especial del trabajo de estilismo. De ahí su amistad con Marie-Amelie Sauvé, la estilista que concibe las campañas del diseñador Nicolas Ghesquière, y con Karl Templer, el británico que firma los editoriales de moda de Vogue Italia. También se implica en la creación de las colecciones. “Está muy al tanto del día a día de cada una de las líneas (que en Zara experimentan cambios permanentemente) y también colabora en la definición de colecciones especiales como Studio, que presenta piezas con un componente de moda muy alto”, desliza una fuente interna. Detrás de muchas de las prendas virales de Zara está su mano, “pero las decisiones acerca de una determinada pieza nunca son de carácter individual —matizan—, sino el resultado de la discusión del conjunto del equipo”.

Su jornada arranca muy temprano. Dedica las primeras horas del día al deporte. Le gusta el running, pero prefiere hacer ejercicio en el gimnasio de su casa para evitar las miradas indiscretas. Intenta desayunar con su hijo y llevarlo cada mañana al colegio, un centro privado en la ciudad gallega, y a las 9:30 ya está en la oficina. Almuerza en el comedor de la empresa o sale con sus compañeros a algún restaurante cercano de Arteixo, como El Gallo o El Naranjo, donde se sirven menús de 12 euros. Y deja la oficina entre las 19:30 y las 20:00.

Pasa largas temporadas fuera de España. En Inditex lo llaman “viajes de inspiración”. Entre sus obligaciones figuran ver las tiendas de Zara diseminadas por el mundo y medir el pulso de la calle. Los destinos que más visita son las principales capitales de Europa, Estados Unidos y Asia. A veces también se reúne con proveedores. Cuando viaja, su hijo queda al cuidado de sus abuelos. “Amancio y Flora ejercen su papel con devoción”, cuenta una persona de su círculo, que también revela que Marta aprovecha las escapadas al extranjero para hacer compras, muchas veces en las propias tiendas de Zara, “ya que no suele disponer de tiempo”. Sus compañeros dicen que es de las que recoge las perchas del suelo cuando entra en un local de Inditex.

Marta Ortega

Marta no ha tomado el relevo de su padre en la compañía, pero cada vez tiene más protagonismo en la Fundación Amancio Ortega, que mueve casi tantos millones como la empresa. En 2001, cuando Inditex salió a Bolsa, el empresario se hizo tan rico que creó la fundación con 60 millones de euros de su bolsillo. En los últimos 15 años ha donado más de 235 millones de euros.

Su hija se incorporó al patronato en 2015 como vocal (Amancio es el presidente y Flora, vicepresidenta), pero en el último año se ha involucrado más en los proyectos. “Se siente cercana a las iniciativas relacionadas con los derechos de los niños y con generar oportunidades a los más jóvenes”, explica Raúl Estradera, portavoz de la fundación. Entre 2016 y 2018 se destinarán más de 30 millones de euros a educación. El plan estrella, 500 becas para que estudiantes preuniversitarios se formen en Estados Unidos o Canadá. Supone una inversión de nueve millones de euros anuales.

El primer acto de la heredera como patrona fue la firma de un acuerdo con Alberto Núñez Feijóo, presidente de la Xunta, en 2015. La fundación ha invertido 17 millones de euros para la renovación de los centros de diagnóstico y tratamiento oncológico de los hospitales gallegos.

El año pasado cerró un convenio similar con la Junta de Andalucía por 40 millones de euros. Y es probable que Marta tenga más trabajo en los próximos meses. Su padre acaba de ganar 1.256 millones de euros en dividendos de Inditex y anunció que donará 320 millones a la Sanidad pública española para la lucha contra el cáncer. “Los proyectos responden al impulso del patronato y, muy especialmente, del fundador y de su familia”, concluye Estradera. Marta tiene cada vez más voz y voto.


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